He tenido el placer de asistir ayer a la exposición de algunas de las joyas que pertenecieron a los famosos Duques de Windsor y que Cartier se ha propuesto recuperar. He de decir que esperaba ver alguna mas, pero me conformo con haber visto alguna de estas piezas tan exquisitas.
Reconozco que siento una extraña devilidad hacia esta pareja de amantes que después de aguantar duras declaraciones por parte de la casa real inglesa y de muchísimos ciudadanos en contra de su unión, consiguieron, luchando juntos, vivir una vida de ensueño, ser la envidia de las reuniones de alta sociedad y el centro de mira de las revistas de la época, eso si, fuera de Inglaterra.

“SIEMPRE HABÍA UN BUEN MOTIVO PARA REGALAR UNA JOYA A LA MUJER QUE NO PUDO LLEVAR LAS DE LA CORONA REAL”

Tras la muerte de Eduardo VIII 1972, hubo quienes apostaron por el retorno de la colección Wallis a la corona por medio de una donación al príncipe Carlos, pero la Duquesa no había perdonado.

Este regalo hubiese sido un” final feliz” y un perdón de todo el pueblo a quien le había quitado a su rey, pero el 2 de Abril de 1987, en el Hotel Beau Rivage del Quaidu-Mont-Blanc, de Ginebra, a casa de subastas Sotheby’s puso en venta a la puja las joyas de Wallis Simpson.
Todos los beneficios obtenidos (3,600.000 euros aproximadamente) fueron destinados al Intituto Pasteur de París, en homenaje a Francia, su tierra de asilo durante tantos años de felicidad. Este acto podría definirse como el final de una historia de amor de un Rey que abdicó por considerar que la mujer que amaba “valía mas que un Trono”.




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